Más de 20 años de amistad y trabajo conjunto han llevado a Gloria Liberman y Pedro Engel a publicar libros y hacer talleres de ancestrología.
-Hay que ponerse en el lugar de la mamá, porque muchas veces no nos damos cuenta cuál es la situación que ella vivía cuando nos tuvo a nosotros, ahí puedes darte cuenta qué vivía ella. A ellos les costó, porque sus padres tampoco fueron perfectos. A veces los padres no pueden dar más porque simplemente nunca recibieron algo diferente. Estas cosas vienen en los árboles familiares desde atrás y eso se ve, se ven niños abandonados, abusados y de ahí han nacido otros hijos que no han sido queridos. Yo pienso en mi historia, que todos vinieron de tan lejos, rusos, de zonas de Ucrania, cuando empecé a investigar mi historia, vi puros dramas.
Pedro Engel sugiere el tema de hacer un altar a los ancestros.
-Sí, eso se hace mucho, en todas partes, en África, en Asia, en China se da mucho, en el Oriente lo ves.
¿Y qué significado tiene?
-Acá le tienen terror a los muertos, pero si haces el ejercicio y los honras, le das las gracias, a ellos les gusta, pero acá todos esos temas son tabú. Yo tengo un pequeño altar con mi mami y mi papi, es una forma de agradecer, por ellos tengo la vida, además me dieron una educación, y lo que ellos no recibieron, no me lo pudieron dar. Y lo que no me dieron lo voy a conseguir yo, con mis manos, con mi trabajo.
¿El darse cuenta, se refiere a qué lugar ocupa cada uno en el sistema familiar?
-Claro, pero cuando se hacen los árboles familiares uno se da cuenta que se repiten historias. Por ejemplo, cuando los ancestros han venido de lejos; en generaciones posteriores hay un impulso para viajar, una búsqueda de lugar, de territorio. Se repiten nombres, enfermedades, tipos de relaciones, muertes, etc. Hay una energía que viene en el árbol familiar y se empiezan a repetir los cuentos una generación tras otra.
¿Hasta qué punto uno tiene una libertad de acción?
-Es relativa, el libre albedrío es relativo. Pero cuando uno toma conciencia de las repeticiones en el árbol (familiar) recién se puede ser más libre para tomar las propias decisiones. Cuando uno actúa como piloto automático, solo estás reaccionando, y en vez de hacer algo nuevo o diferente vas atender a la repetición. A veces no son ni siquiera temas de uno; analizando los árboles es impresionante verlo, por ejemplo por lealtad invisible estoy realizando la vida de mi abuela o repitiendo las enfermedades de mis ancestros. El camino es reconocer al otro, al ancestro, al excluido y entregarle el destino a él para uno liberarse.
¿Ustedes son precursores de la Ancestrología, sientes que se están abriendo este tipo de terapias?
-Sí mucho, esto es muy bonito porque es sanación con amor. Al final uno es el representante de un árbol familiar, y si estás mal con la familia, estás mal con tu respaldo, es lo único que tienes. No digo que uno tiene que seguir a la familia en todo, sino que salir del esquema, pero para eso primero hay que reconocer y honrar desde donde uno viene, aceptarlo. Primero tiene que decir “sí” a todo, a todo lo que te pasó en la vida, y después haces lo que quieres, pero si uno lo niega se transforma en un problema, es lo que te va a empujar a hacer las cosas que no quieres. Si quieres ser feliz, honra a tu padre y madre, honra a tus ancestros y actúa con gratitud. Eso es ponerlos a todos ellos en el corazón, con amor, más allá de lo que hicieron o no por ti. Eso ayuda a sanar.
Fotografía principal: Valeria Solís T.