sábado, 15 de junio de 2013

El Afán y la Ansiedad

La palabra de Dios nos enseña a examinarnos a nosotros mismos a fin de evaluar si estamos en la fe; y considerando este examen, si de pronto descubrimos que nuestra vida no ha tenido el crecimiento esperado, entonces debemos buscar las causas de ello; y una de las razones más frecuentes que podemos identificar es lo que el Señor llamó, el afán y la ansiedad. El significado de la palabra afán es “trabajo abrumador, intenso o penoso. Veamos la enseñanza del Señor Jesús en la parábola del sembrador: “Otra parte cayó entre espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella, la ahogaron.” (Lc.8:7) Se refiere a la siembra de la palabra de Dios en el corazón, y la causa por la que no da fruto, esta es la explicación de esta parte de la parábola: “La que cayó entre espinos, estos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto.” (Lc.8:14)

 
Esto implica que el trabajo intenso, todo el esfuerzo por alcanzar bienes materiales, ocupan un lugar importante en el corazón, y no dejan meditar en la palabra oída, la cual no puede producir fruto; es ahogada por los pensamientos acerca de la cosas de esta vida, nuestros planes, proyectos y deseos.  ¿Qué debe cambiar en nuestro corazón? “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” (Mt.6:31-33) Vemos que las necesidades básicas para esta vida, Dios las provee, pero lo principal que debe buscar un creyente, es el reino de Dios y su justicia; esto es lo que debiera ocupar principalmente nuestro tiempo y nuestro corazón.

¿Cómo se puede alcanzar esta prioridad? Dios en Cristo ha venido para ordenar nuestro corazón, y el principal mandamiento de la palabra de Dios es: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento.” (Mt.22:37) En el Señor tenemos salvación, vida eterna, recompensa y gloria. ¿No debiera ser el agradar a Dios la principal motivación de nuestro corazón? Entonces la meditación en su palabra ocuparía un lugar importante de nuestro tiempo, y nuestra mente estaría buscando entenderle y conocerle cada día más. “Pero esto digo, hermanos: Que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa…Esto lo digo para vuestro provecho; no para tenderos lazo, sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os acerquéis al Señor.” (1Co.7:29-35)


Este pasaje de la escritura nos muestra cuantas cosas pueden ocupar nuestro tiempo y no nos dejan acercar al Señor por causa de las diversas preocupaciones. Dios es lo primero, el primer amor, la principal causa y motivo por el cual debemos vivir. Entonces debemos buscar qué cosas nos están impidiendo acercarnos a él; qué cosas ocupan nuestro tiempo diario, y buscar cómo hacerlas a un lado, buscar que no haya nada que esté entorpeciendo nuestra relación con el Señor  y la búsqueda de su voluntad. “Allanad, allanad; barred el camino, quitad los tropiezos del camino de mi pueblo. Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo.” (Is.57:14-15ª)


Consideremos la siguiente meditación del salmista David: “Hazme saber, Jehová, mi fin, y cuanta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy. He aquí, diste a mis días término corto, y mi edad es como nada delante de ti; ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. Ciertamente como una sombra es el hombre; ciertamente en vano se afana; amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá.” (Sal.39:4-6) ¡Cómo se nos va la vida rápidamente! Cuando vengan los días de la vejez, ¿recién veremos que gastamos nuestro tiempo en cosas vanas? ¿No será preferible atender el consejo del Señor a tiempo? “No te afanes por hacerte rico; sé prudente y desiste. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas como alas de águila, y volarán al cielo.” (Pr.23:4-5) Notaremos que todos estos pasajes hablan del afán en que se envuelve el hombre, y de dedicar el tiempo exageradamente al trabajo, vivir enredado en proyectos, planes, y ambiciones por cosas que son corruptibles y temporales, para lo cual desechamos la búsqueda de aquellas cosas eternas.


“Como salió del vientre de su madre, desnudo, así vuelve, yéndose tal como vino; y nada tiene de su trabajo para llevar en su mano. Este también es un gran mal, que como vino, así haya de volver. ¿Y de qué le aprovechó trabajar en vano? Además de esto, todos los días de su vida comerá en tinieblas, con mucho afán y dolor y miseria.” (Ec.5:15-17) Esta es la descripción de una vida vana, que no supo para que vino al mundo, ni que será de sí después de sus días. El Señor Jesús nos enseña a aprovechar bien el tiempo que nos es dado enriqueciéndonos en aquello que permanece para siempre. “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.” (Jn.6:27) Debemos trabajar por alcanzar mansedumbre, amor, misericordia, humildad, dominio propio, paciencia, generosidad, justicia; estas riquezas permanecen para siempre y aseguran una amplia entrada en el reino eterno de nuestro Señor Jesucristo.


Desde que el Señor Jesús vino a nuestro corazón hasta el día en que debamos partir de este mundo, tenemos un tiempo que Dios nos ha concedido, ese tiempo debe ser aprovechado en enriquecerse en Cristo y hacer tesoros en el reino de Dios. “Aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu…” (Ef.5:16-18) ¿Qué implica todo esto? Notemos las cosas por las cuales  vale la pena gastar el tiempo y dar prioridad en nuestra vida, desechando la búsqueda de cosas vanas y riquezas terrenales: “Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual, asimismo fuiste llamado…” (1Ti.6:11-12) El Señor Jesús enseñó lo vano y engañoso que es confiar en los tesoros terrenales.


Hablando de un hombre rico que por haber tenido una muy buena cosecha, dijo: “Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.” (Lc.12:19-21) A cuantas personas le ocurre esta lamentable situación, nunca se preocuparon de lavar sus corazones, y de llenarse del fruto del Espíritu, y de pronto se acaba el tiempo y partieron a la eternidad sin Cristo, sin esperanzas ni salvación. Desnudos, empobrecidos y cargados de pecado. ¿Qué podrá librarles en el día del justo juicio de Dios? ¿Y cuántos de ellos conocieron el evangelio y no le dieron el valor que tiene, ni buscaron la santidad que se encuentra en Jesucristo, el Señor?


Veremos por tanto cuán importante es disponer el corazón para esta carrera, y despejar todos los obstáculos que se interpongan. Notaremos que tiempo y ocasión hay para todo, pero lo que impide alcanzar la meta, muchas veces es la indisposición del corazón. “Del hombre son las disposiciones del corazón; mas de Jehová es la respuesta de la lengua.” (Prov.16:1)“un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir…” (Lc.14:15-24) Disponer el corazón es una decisión del hombre, y es el hombre el que prefiere las cosas terrenales. Cuando tenemos otros  objetivos y esperanzas, y se invierte el tiempo afanosamente en ellos, entonces siempre encontraremos una excusa para postergar a Dios y su llamamiento. El Señor Jesús dijo en una parábola, que:


Todos menospreciaron la invitación porque tenían otras prioridades, por lo tanto, desecharon el llamado, lo que significó que aquel hombre que hizo la cena, invitó a muchos más y aseguró que ninguno de aquellos invitados gustaría de su cena. Esto lo dice el Señor para que consideremos el valor de su llamamiento. ¿Cuántos son los que le dicen al Señor, no puedo ir, espérame, o después lo haré? Pero aquellos que han valorado la invitación del Señor, son los que tienen su corazón bien dispuesto; que han dado toda la prioridad a la palabra de Dios; y esa palabra ha obrado en sus corazones para hacer de ellos vidas llenas de fruto, preparadas y dispuestas para servir y ayudar a otros, enriquecidos por la mano del Señor, y dispuestos para toda buena obra. (Tit.3:1b)


Pr. Adolfo Espinoza- Radio Armonia - http://www.armonia.cl
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