Ninguno de nosotros es un
alma nueva, todos hemos acumulado experiencias de vidas previas en otras
encarnaciones. En cada generación, a lo largo de los últimos seis mil años,
descendieron almas que ya habían estado aquí en ocasiones anteriores. No son almas
nuevas, sino con alguna forma diferente de desarrollo espiritual.
Las almas descienden a la Tierra de acuerdo a un orden determinado: ingresan al mundo de forma cíclica. Su número no es infinito: vuelven una y otra vez, progresando en su corrección. Los nuevos cuerpos físicos que ocupan son más o menos parecidos, pero los tipos de almas que descienden son diferentes. Esto es lo que se conoce popularmente como reencarnación. Los cabalistas usan la expresión "desarrollo de las generaciones".
Esta interrelación o
conexión entre el alma y el cuerpo colabora con la corrección del alma. Nos
referimos al ser humano como "alma" y no como "cuerpo". El
cuerpo en sí puede ser reemplazado, como se reemplazan hoy en día los órganos.
El cuerpo es útil sólo como recipiente desde dónde el alma puede actuar. Cada
generación se parece físicamente a la anterior, pero difieren una de otra
porque en cada oportunidad las almas bajan con la experiencia acumulada de sus
vidas previas aquí. Llegan con sus fuerzas renovadas por su estadía en el
cielo.